Me alquilé una puta

Era una de esas noches frías que han estado haciendo últimamente, en las que necesitás un buen abrigo, un poco de chocolate caliente y un televisor con tu programa de tv favorito. Pero no, me encontraba yo vagando por las calles de Coatepeque, cuando vino a mi una incontrolable necesidad de tener sexo salvaje, de probarme a mi mismo que puedo ser un macho digno de mi especie, de demostrar quién es el más grande semental de Coatepeque.

Sin embargo, y como algunos de ustedes sabrán, no tengo novia así que mis impulsos no tienen un lugar a dónde dirigirse en estos casos. El deseo era fuerte y no tuve más opción que encontrar lo más pronto posible un lugar de esos donde alquilan putas antes de que iniciara una horrorosa cacería de mujeres en estado fértil por todas las calles.

Entré al cuarto designado donde procedería a hacer uso del objeto sexual que cuidadosamente había escogido para que fuera resistente a toda mi potencia, que tuviese la fuerza necesaria para soportar mi peso en algunas posiciones y que fuera lo suficientemente excitante para no acabar con el encanto en pleno acto.

-¡Sentate allí perra!- Exclamé mientras me desabrochaba el cinturón, preparándome para la mayor compilación de perversiones ocurrida en estas tierras desde hace mucho.

-¿Como quieres empezar nene?- Me preguntó.

-¡Silencio puta de mierda! ¡No hablás hasta que yo te lo exija!- Le respondí muy amablemente.

La prostituta guardó silencio mientras haciendo alarde de mi grandiosidad, le arranqué su desgastada y diminuta ropa en menos de diez segundos, tomé entonces mi súper pene erecto y sin decir nada más se lo introduje por el culo a lo que ella respondió con un gemido fingido.

-¡¿Como te atrevés a fingir un gemido?! ¡Debería desmembrarte en este instante!- Le dije.

Al darse cuenta de que estaba tratando con alguien serio se puso seria al fin, me acostó en la cama y colocándose sobre mi se dispuso a dar sentones sobre mi grandioso pene, lo cual me hizo acabar de inmediato.

-¡Mierda! Pero no me pada dos veces.

Le tomé las chiches y empezé a lamerlas mientras le daba nalgadas con una mano y le introducía la otra mano en la pusa (asombrosamente cabía bastante bien), mi pene se puso erecto de nuevo y estaba listo para la acción. Se lo metí en el culo de nuevo y nuevamente acabé.

Vi que disimulaba su risa así que la abofeteé, le di un gancho en el estómago y la embroqué en la cama para hacer que mi pene volviera a la acción, lo cual simplemente no pude lograr, el muy desgraciado colgaba chorreado e inánime entre mis piernas.

No había opción, tuve que asesinarla y comérmela para la cena.

: )

14 pensamientos en “Me alquilé una puta

  1. brother, seguramente eso se lo hicieron a tu mamá y lo cuentas como tu experiencia, ve al psiquiatra o terminarás follado por tu propio pene

    • Siempre me ha resultado graciosa la forma en que la gente estúpida tiende a insultar a las madres de los que cometen los agravios, seguramente te has de creer todo un genio tras tu segundo comentario…

  2. Me parece muy bueno fester, este articulo merece 9 o 10, le falta un poquito de forma, pero el arrticulo esta bueno, buena introduccion, desarrollo, el cierre un poco drastico pero ni modo, hay buena relacion y comparaciones, siga mano, hechele ganas.

  3. Silencio puta de mierda! ¡No hablás hasta que yo te lo exija!- Le respondí muy amablemente esta parte es la vergona jajajaja no te preocupes viejo un poco de viagra te hubiera ayudado

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