Tres Días [Día Dos]

Acá está la segunda parte de la historia, si no has leido desde el principio te recomiendo que leás la primera parte para que sea mas fácil de comprender, mañana publicaré la tercera parte (si es que me dejan…)

Apéndice:
Día Uno
Día Dos (Este post)
Día Tres

Día Dos:

La mañana siguiente encontró a Miria tan radiante como siempre, arreglada, perfumada y tranquila, no había podido dormir, por lo que aprovechó el tiempo para arreglarse y verse de nuevo tan bien como siempre, tan equilibrada y ordenada, había ya limpiado el desorden que dejó el día anterior, no había ningún pequeño rastro de su berrinche, ni en la casa ni en su persona, se veía radiante, a pesar de no haber dormido y de haberse descuidado el día anterior.

Luego de terminar de arreglar su casa, preparó el desayuno, era domingo, y como su esposo no debía trabajar, no se preocupó por levantarle temprano, sin embargo cuando estuvieron listos los huevos revueltos que desayunaban todos los días fue a tocar a su puerta a intentar convencerlo de tomar el desayuno y de reconciliarse, pero el no contestó, Miria no sabía que hacer, así que lo dejó, pensó que tal vez necesitaba un poco mas de tiempo para aclarar sus ideas, así que salió a pararse un momento a la puerta, costumbre que tenía desde hace algunos años, le gustaba platicar con las vecinas y enterarse de los chismes del barrio.

– Buenos días Doña Miri – Dijo Ana, su vecina mas recurrente – ¿Como está usté? Que ayer no la vi en todo el día, ni tampoco a don Nayo.

– Es que… tuvimos una discusión ayer, estuvimos todo el día peleados y el aun no parece querer hablarme, creo que está molesto por algún reproche que le hicieron, yo estaba molesta por lo que hizo, pero ya no.

– ¿Que fue lo que le hizo el? Si usté lo perdona ¿por que el no la perdona a usté?

– Ya se le pasará, son cosas del pasado y ya ni quiero acordarme de lo que hizo, seguramente no lo volverá a hacer, no por amenazas ni por culpas, confío en que el terminará comprendiendo, así como yo, que somos el uno para el otro y que no tenemos razones para discutir.

– Eso espero doña Miri porque las peleas nunca llevan a nada bueno.

– Tengo que entrar – Dijo Miria de repente. – me pareció escuchar que Bernardo me llama –

Miria entró de inmediato sin darle tiempo a Ana de responderle, quien se quedó desconcertada, ya que no había escuchado nada, y le pareció extraño que la dejara así nada mas, porque Miria nunca se comportaba de esa manera tan maleducada, pero comprendió que su actitud se debía a su preocupación, porque aun no se había arreglado con su esposo, así que decidió irse sin tratar de inmiscuirse más en el asunto.

– ¿Me llamaste Bernardo? Dijo ella con voz temblorosa abriendo lentamente la puerta de su habitación.

– No – respondió el con tono de desprecio – No quiero siquiera verte, ¿Por qué habria de llamarte?

Miria soltó un suspiro – ¿Por qué seguís molesto? Ya yo he olvidado todo lo que pasó.

– No estoy molesto – Respondió Bernardo – Simplemente no quiero verte, ¿No te das cuenta que el tenerte cerca sólo me produce dolor e incomodidad? Aun no lo he superado y hasta no hacerlo no quiero verte, no quiero, siquiera salir de esta habitación.

– Si eso es lo que querés, que así sea, si necesitás algo no dudés en llamarme que yo vendré en seguida a atenderte lo mejor que pueda, incluso si no puedo.

Miria asumió que el estaba pasando por el mismo proceso que ella misma había pasado el día anterior, así que lo dejó descansar, se dedicó a sus tareas cotidianas, y estuvo así hasta que llegó la hora de almorzar, tocó suavemente la puerta de la habitación y abrió sin esperar una respuesta.

– Sé que aun no me has llamado, pero no pienso dejarte morir de hambre, te traje algo de comer y de beber – Dijo mientras cruzaba la habitación con un plato con un bistec que estaba tan sabroso como oloroso, lo colocó en la mesa y salió de la habitación, no sin antes volver la mirada hacia su esposo, que la observaba fijamente mientras ella atravesaba el umbral de la puerta, ella creyó verlo sonreír y se sintió satisfecha, sabía que la reconciliación estaba próxima, era solo cuestión de ser paciente y esperar un poco mas.

Se dedicó a sus labores, como siempre lo hacía pero por cada minuto que pasaba no podía evitar sentirse ansiosa por el esperado momento en que su esposo saliera de la habitación en su búsqueda, pero el no se aparecía, cada momento que pasaba se desesperaba más, temía que la reconciliación no llegara como ella lo había imaginado y se consumía en su ansiedad, no podía relajarse pero no pensaba dejar que eso la dominara, ella esperaría a que su esposo se decidiera, lo dejaría reflexionar y tomar la decisión correcta.

Al anochecer de nuevo volvió a tocar la puerta, esta vez con un par de huevos fritos y frijoles pero al llegar junto a su esposo notó que no había siquiera probado el bistec del almuerzo, esto no se lo esperaba, el adoraba el bistec y nunca se había resistido a la receta que ella solía prepararle.

Comprendió entonces que no se trataba de algo que fuera a pasar por si solo, tenía que hacer algo o nunca se reconciliaría con su esposo.

– Tenés que comer algo Bernardo, no me hagás sentir peor de lo que ya me siento.

– No tengo hambre – Contestó él en tono amargado.

– No has comido nada, por supuesto que tenés hambre, ya dejate de berrinches comé algo por favor.

– No pienso comer nada, no me siento bien.

Miria tomó el plato de comida y con gentileza le acercó un trozo de comida, pero el no parecía tener la intención de abrir la boca, así que de nuevo volvió a intentarlo pero no se detuvo sino hasta que logró meter el tenedor en la boca de el, y con un gesto de victoria y alegría le dijo: – ¿Ves que no era tan difícil? No te preocupés yo voy a darte tu comida – y así lo hizo, bocado por bocado fue dándole toda la comida alternando con tragos de café tibio, que era como a el le gustaba, hasta que el plato quedó vacío, con lo cual se dio por satisfecha en el momento, sabía que si el siguiera enojado jamás hubiera aceptado que ella hiciera eso, le limpió la boca con una servilleta y sin decirle nada salió de la habitación.

Decidió que debía dar el toque final, el acto definitivo para reconciliarse completamente con su esposo, así que fue a bañarse, pero esta vez sus ánimos estaban por las nubes, se metió en la tina, silbaba y cantaba procurando quedar completamente limpia, casi no tardó allí, estaba emocionada, se vistió con el atuendo que siempre lograba provocar a su esposo, intentaba verse sensual, provocativa, irresistible; se perfumó practicó sus gestos frente al espejo, cuando se sintió lista fue directo a su habitación, tomó un respiro y entró sin tocar la puerta, sabía que iba a sorprenderlo y en su mirada fija que la observaba como queriendo desnudarla, encontró la repuesta esperada, fue directo hacia el y empezó a besarlo con tantas ansias y con tanta pasión, que Bernardo quedó absorto.

– ¿Qué es lo que hacés? – Preguntó el confuso.

– ¿Qué te parece que hago? Cerrá la boca, ya no quiero escucharte decir tonterías, disfrutemos este momento que me he arreglado sólo para esto y sé que no podrás resistirte, sé que ya no estás molesto y en este momento nada de lo que haya pasado importa ya, así que procurá quedarte callado un momento y hacé lo que sabés hacer tan bien que cada vez que te tengo así no puedo mas que derretirme ante tu voluntad.-

Bernardo se quedó callado y ella empezó a desabotonarle la camisa, mientras ella iba poco a poco desnudándose también. El no se había bañado, y Miria sintió su olor penetrante, pero no le importó, estaba tan decidida y, a estas alturas, tan excitada que se dejó llevar por la pasión que sentía, tenía ya varios días que no habían tenido sexo y por lo tanto ella se encontraba mas que dispuesta.

Miria se estremeció, no lograba recordar la última vez que había tenido un orgasmo tan intenso, se acurrucó en el pecho de Bernardo y le acariciaba el rostro, mientras le hacía comentarios tiernos y cariñosos, pero aún seguía excitada, así que volvió a besarlo y a acariciarlo y volvió a tener sexo con el, el acto se repitió otras tres veces esa noche.

Ella estaba encantada con la conexión que estaba logrando, era obvio que después de esa maravillosa noche no volverían a pelear en mucho tiempo, finalmente terminó quedándose dormida junto a el, deseando que llegara el día siguiente para regresar a la rutina a la que estaba acostumbrada, y agregarle además la alegría de estar bien con su esposo y de que ambos sabrían apreciar más la relación que habían mantenido durante tantos años.

Continuará…

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