Tres Días [Día uno]

Hoy quiero compartir una historia corta que me inventé hace unos meses…. (en otras palabras no tengo ni una puta idea de que publicar) La publicaré en exactamente tres días iniciando hoy.

La historia se lleva a cabo en la casa de una pareja en la cual se denotan muchas reflexiones y sentimientos de culpa, mezclados con algunas situaciones extrañas y de paranoia.

Espero que les guste.      : D   ( mas vale que les guste D: )

 

Día Uno (Este post)
Día Dos
Día Tres

Dia uno:

Eso fue desastroso, que susto el que me pegaste, ¿no te das cuenta cuanto hubiera perdido si te hubiera perdido?

Definitivamente tenés que estar loco para verme con esa cara, justo después de haberme hecho sufrir esta angustia, después de ver mi reacción, por favor, no lo dije en serio, mi vida no tendría significado si murieras, eso fue solo una reacción al enojo que me hiciste sentir, pura rabia explotando sin sentido, no quiero que te murás lo sos todo para mí, por favor, no sigás ignorándome, contestame.

Miria estaba desconcertada, después del ataque que sufrió su esposo, el terror que había sentido al pensar que lo perdería, que nunca mas podría tomar su mano, sentir su calor o disfrutar de su compañía, el la había engañado, pero en ese momento se dio cuenta de que no importaba lo que hubiera hecho, eso no significaba nada para ella, después de todo el era el hombre de su vida la persona con la que había decidido pasar el resto de su vida y de quien había estado enamorada desde el primer momento en que le conoció, veía a su esposo allí acostado aún y callado, sin lograr que se inmutara ante ninguna de sus razones, el estaba quieto, mirándola fijamente.

-Estás diciendo cosas sin sentido – dijo al fin Bernardo, después de un largo y desesperante momento de silencio – Por supuesto que no querías que me muriera y claro que no tenés poderes sobrenaturales como para que algo me pasara sólo porque lo pensaras.

– ¿Eso significa que me perdonás? – preguntó ella con una mirada lastimera con un nudo gigante en la garganta que no desaparecería sino hasta escuchar la respuesta esperada.

– No tengo nada que perdonarte, no has hecho nada, es todo mi culpa, fui un idiota, un insensible, tengo que admitirlo, que tuve la oportunidad de detenerme, pero no lo hice, no quise, me dejé llevar por el momento, la emoción, esa sensación enloquecedora que no había sentido desde hace años, desde aquel momento en el que, casi sin pensarlo me pediste que te llevara conmigo, aun sabiendo lo que iba a suceder, y al igual que ahora me dejé llevar por lo que sentí en el momento sin pensar en las consecuencias que tendría la irresponsabilidad de mis actos, Es todo – En ese momento lo interrumpió ella

– No sigás diciendo eso, éramos jóvenes e inmaduros fue culpa de los dos y nunca dejé de lamentarme, no debí abortar no debiste permitírmelo, y aun así lo hice y aun así me lo permitiste, no estábamos listos para tal responsabilidad.

– Me induciste, me arrastraste a la desgracia, a tantos años de culpa que terminaron en una vida monótona al lado de la persona que me ha hecho recordar a cada instante, el resultado de mi imprudencia, por haberme dejado llevar por tus artimañas en vez de hacer caso a mi razón, por eso me casé con vos, para hacer penitencia para no permitirme olvidar lo idiota que fui y que podría llegar a ser en cualquier momento si me permitiera deshacerme de la culpa que siento y que me he esforzado todo este tiempo para no olvidar, para evitar, el volver a cometer un error como ese, y me encuentro ahora, pasando de nuevo por lo mismo, dejándome llevar por mis impulsos sin pensar en las consecuencias.
Miria salió de la habitación de inmediato, se sintió indignada, no podía creer lo que acababa de escuchar, su rabia sobrepasaba por mucho a la que había sentido antes, cuando descubrió que su marido la había engañado, deseó que su marido hubiera muerto en el momento del ataque cardiaco que había tenido unas horas antes.

Fue directo a la cocina y buscó entre los cajones tan desesperadamente hasta encontrar los cigarrillos que su esposo solía guardar allí, nunca había fumado pero su esposo siempre fumaba cuando se encontraba estresado, pensó que eso la ayudaría y encendió un cigarrillo con la ayuda del encendedor a gas con el que encendía la estufa y dio un golpe al cigarro que terminó por ahogarla no solo por el humo sino también por la rabia que no podía evitar sentir. Sabía que era normal, ya que nunca antes había fumado así que decidió intentarlo de nuevo y de un solo golpe se fumó la mitad del cigarro, lo cual nuevamente le provocó que se ahogara con el humo.

La tos en esta ocasión fue tan fuerte que era insoportable fue por un vaso de agua pero debido a la tos que aun la aquejaba casi se ahoga al tratar de beber un sorbo, en este momento su reacción de furia llegó al extremo de berrinche, arrojó al suelo uno por uno hasta que quedaron hechos añicos, todos los platos y vasos de porcelana que su esposo le había comprado y que ella guardaba celosamente para ocasiones especiales. Ocasiones que se habían visto reducidas a casi ninguna debido a las ocupaciones y compromisos laborales tanto de ella como de su esposo.

Después de varios minutos de rabia incontrolada y de llantos que intentaba apagar cubriéndose la boca con la mano y mordiendo su viejo y roto vestido, consiguió al fin calmarse, se sentó en una grada que dividía la cocina del comedor y en medio de una aterradora calma que sucedía por momentos en sollozos y suspiros razonó y discutió consigo misma de lo que había pasado, de nuevo, su amor por su esposo sobrepasaba sus insultos y sinrazones no podía odiarlo, estaba atrapada en sus sentimientos y nada en el mundo podría hacerla cambiar de parecer.

– ¿De que me quejo? – Se preguntaba a si misma – sé que lo que dijo es cierto, no fue culpa suya, sino mía, fui yo quien lo arrastré a la miseria, el nunca me quiso, lo obligué a quererme, lo conduje por donde creí que llegaría a quererme, aunque nunca imaginé que fuera a ser tan infeliz, que yo fuera a hacerlo tan infeliz, ¿Cómo pude no darme cuenta? Estaba tan sumida en la felicidad que me llenaba con su presencia que no pude notar siquiera lo mal que el lo estaba pasando, creo, que debo hablarle.

Miria se incorporó y fue en busca de el, pero al pasar frente al espejo se vio a si misma destrozada, sus párpados estaban hinchados se le había corrido el maquillaje y tenía el pelo alborotado y su ropa desgarrada, no pudo soportar la sensación de desagrado casi nauseabundo que le provocó su propia imagen, así que fue a tomar un baño, quería verse bien para su esposo, que nunca se había quejado de su apariencia, ya que ella siempre ponía especial cuidado en este aspecto, solía vestirse siempre de blanco con pequeños detalles de colores, procuraba llevar siempre una flor en el cabello y su presencia era siempre advertida por la dulce fragancia que acostumbraba usar, sus pasos eran casi imperceptibles al punto que a muchos les parecía como si flotara a unos milímetros del suelo.
Era todo lo contrario a lo que veía frente al espejo, fue hacia donde estaba la tina y tras calentar un poco el agua se sumergió en ella, casi como si quisiera fundirse con el agua, realmente lo disfrutaba, llegó a un punto de relajación tal que se quedó dormida en la tina, soñando y recordando todas las cosas maravillosas que le habían pasado en la vida, o que ella quería creer que eran sucesos maravillosos, el día en que conoció Bernardo, su boda, ese instante de nerviosismo y éxtasis justo antes de dar el si y la forma en que sentía ver sus esperanzas muertas al verlo dudar sobre su respuesta, para luego sentirse eufórica al escuchar el sí de Bernardo, recordó los pequeños detalles que la hacían tan feliz y que le hacían pensar que su esposo era el hombre mas feliz sobre la tierra, su mente divagaba cada vez mas en una enorme espiral que nunca llegaba a ningún fin, de tal manera que se quedó dormida a medio baño, sin siquiera haberse terminado de quitar el jabón de encima.

Y aún siguió soñando, que viajaba a lejanos lugares acompañada de su esposo, que renovaban una y otra vez sus votos, que tenían hijos y nietos, que lograban recuperar el tiempo perdido y que olvidaban todos los problemas ya sin importancia para entonces, Miria se negaba a recordar lo que había sucedido unas horas antes, no quería aceptar que la confesión que le hizo su esposo fuera cierta, prefirió hundirse en sus fantasías y seguir soñando con un mundo perfecto, perfecto para ella, para su esposo, para ambos un mundo en el que la felicidad existía únicamente para ellos dos.

De pronto despertó, helada como una paleta con la piel arrugada debido a toda el agua que había absorbido en el tiempo que estuvo en la tina sumergida en el agua que se había enfriado ya después de tanto tiempo en reposo, era ya de noche y la oscuridad en la que se encontraba la hizo sentirse nuevamente sola, el frío era insoportable y no se sentía cómoda con su apariencia, no quería que su esposo la viera así, no quería darle oportunidad de juzgarla y menos en la situación en la que se encontraba, lloró nuevamente en silencio, procurando no emitir ningún sonido que pudiera perturbar la calma que parecía ser dueña de su casa en la que no había ningún sonido humano, había tanto silencio que podían escucharse claramente el cantar de los grillos, el crujir de los muebles y muy a lo lejos contrastando con la tranquilidad de la noche, los sollozos de Miria que aún no era capaz de sobreponerse al intenso estado de depresión en el que se encontraba.

Esa noche mientras intentaba dormir en el sofá su mente se nublaba cada vez mas de pensamientos negativos, que la asustaban y de los que no podía huir sin importar lo mucho que lo intentaba, veía rostros que le observaban fijamente sin importar ni el lugar, ni la postura en la que se encontrara, era su conciencia, consumiéndola poco a poco y de la que no iba a poder escapar nunca mas, esos rostros la siguieron torturando con sus impecables miradas todos los días, en su casa, en el manicomio unos años después e incluso en el hospital justo antes de morir, se acostumbró a esas miradas pero nunca pudo removerse el peso que le causaban, cada vez que los veía, como si todo el remordimiento que no había tenido antes por haber abortado hubiese estado acumulándose y se desatara a modo de castigo divino, como una mera manifestación del karma que ella terminó por aceptar.

Continuará…

Un pensamiento en “Tres Días [Día uno]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s