A continuación les dejo tres videos hechos por la misma persona (la verdad no me interesa saber quién), que describen de una manera muy peculiar y con muchos guatemaltequismos el porqué sentirnos orgullosos de ser guatemaltecos.
Sin embargo, y los que me conocen lo sabrán, yo no creo que ser chapín sea calidá. Existen muchas razones para no estar orgulloso de ser guatemalteco.
El guatemalteco promedio grita a voces lo orgulloso que se siente de haber nacido en esta tierra, pero cuando se les pregunta el porqué de ese orgullo no tienen razones válidas para hacerlo, el primer argumento (y probablemente el único) que sale de su boca es la belleza natural: montañas, lagos, ruinas mayas, en fin, todo aquello que no es resultado del esfuerzo de ellos ni de algún guatemalteco actual.
Pero esto no es todo, a la mayoría simplemente le causa gracia el hecho de siempre llegar tarde pues es la “hora chapina” que siempre tiene un retraso que puede variar entre treinta minutos y tres horas, se sienten “orgullosos” de eso, así como de su increíble capacidad casi sobre humana de realizar sus tareas precisamente en el último momento, de copiarse de otros, de sobreponer su voluntad y capricho a las necesidades de otras personas y de la justicia bajo el argumento de que “este mundo es de los vivos”.
Y así hay muchas cosas más de las que podría seguir hablando, el guatemalteco promedio es prepotente, tonto y egoísta; se queja de los que no cumplen las leyes para luego violarlas ellos mismos; se quejan de los delincuentes pero hacen todo lo posible por “ayudar” a los delincuentes que resultan ser sus familiares o amigos…
El nacionalismo no hace más que fomentar la xenofobia y el adormecimiento de las personas que creen, que por vivir en un país donde hay hermosos paisajes, no importa que vivamos rodeados de delincuencia, corrupción e impunidad.
Como nota final tengo que decir que aunque me sentí bien de que se haya respetado la constitución al negarle la inscripción a Sandra Torres, no puedo estar orgulloso de que se cumpla la ley una vez en la vida, un caso no es suficiente.